La Casa Milà se conoce en Barcelona como La Pedrera, que en catalán significa «la cantera». No era un cumplido. Cuando el edificio empezó a levantarse en el Paseo de Gracia, con esa fachada de piedra ondulada sin una sola línea recta, la prensa satírica de la ciudad se cebó con él: lo dibujaron como un aparcamiento de zepelines, como una tarta mal hecha y como un afloramiento rocoso al que alguien había abierto agujeros. El apodo se quedó, y con el tiempo perdió la burla.
Fue el último edificio civil de Gaudí. Después de terminarlo, en 1912, ya no volvió a construir una casa: le quedaban el Park Güell, la catedral de Mallorca y, sobre todo, la Sagrada Família, a la que a partir de 1914 se dedicó en exclusiva. La Pedrera es, en cierto modo, su despedida de la arquitectura civil, y no fue una despedida amable.
Un edificio sin paredes maestras
Debajo de la piel de piedra hay una idea que en 1906 era radical: la fachada no sostiene nada. El peso lo llevan pilares y jácenas de hierro y piedra repartidos por dentro, y los muros exteriores cuelgan de esa estructura. La consecuencia práctica es que ninguna planta tiene por qué repetir la distribución de la de arriba: los tabiques se pueden mover sin tocar la estructura. Es un principio que la arquitectura moderna adoptaría décadas después.
La otra consecuencia es la fachada misma. Al no sostener peso, pudo ondularse libremente, y cada bloque de piedra se talló siguiendo una maqueta de yeso que después se troceó y se llevó a la obra para que los picapedreros la copiaran pieza a pieza. No hay dos bloques iguales.
Los balcones
Hierro que parece algas
Las barandillas son de hierro forjado con formas vegetales, cada una distinta, hechas a mano en los talleres de los hermanos Badia. Sobre su autoría hay tres versiones que no coinciden: se han atribuido a Josep Maria Jujol, a los propios Badia, y el sitio oficial del edificio sostiene que la primera la dirigió personalmente Gaudí en el taller. Es un buen recordatorio de que en su obra la autoría rara vez es de uno solo.
La azotea, y el desván que la sostiene
Lo que casi nadie olvida de La Pedrera es su terrado. Casi treinta chimeneas y salidas de ventilación convertidas en figuras con casco, algunas cubiertas de trencadís, otras de piedra desnuda, repartidas por una superficie que sube y baja siguiendo la forma de las bóvedas de debajo. Es un tejado que se recorre como un paisaje. Se cuenta que George Lucas se inspiró en esas figuras para los cascos de sus soldados imperiales; sea cierto o no, la comparación se hace sola.
Debajo del terrado
Doscientos setenta arcos de ladrillo
El desván es una nave continua sostenida por 270 arcos de ladrillo separados unos ochenta centímetros, de alturas distintas: los más bajos donde el terrado desciende, los más altos donde sube. Gaudí los llamaba arcos equilibrados, y son arcos de catenaria: la curva que forma una cadena colgada, que puesta del revés se sostiene sola sin empujar hacia los lados. Servía de lavadero y desván, y aislaba térmicamente la casa.
Ese desván estuvo a punto de perderse. En 1954 el arquitecto Francisco Barba Corsini construyó dentro de él trece apartamentos de alquiler, que ocuparon la nave durante cuatro décadas. No se retiraron hasta 1996.
La casa que enfadó a todo el mundo
La historia de La Pedrera es una sucesión de conflictos, y merece contarse porque desmiente la imagen del genio venerado en vida.
Primero fue el Ayuntamiento: el edificio superó la altura y el volumen permitidos y se abrió un expediente que acabó con una multa considerable, resuelta a finales de 1909. Después fue la propiedad. Gaudí había proyectado coronar la fachada con un gran grupo escultórico de la Virgen del Rosario, encargado a Carles Mani y listo para fundirse en marzo de 1909. Nunca se colocó.
Por qué no se colocó es un debate abierto. La explicación más repetida es el miedo de los propietarios a una ostentación religiosa tan visible después de la Semana Trágica de julio de 1909, cuando ardieron ochenta edificios religiosos en Barcelona. Pero hay historiadores que sostienen algo más prosaico: que el proyecto simplemente no le gustó a Pere Milà. Las dos versiones conviven en la bibliografía y ninguna está cerrada.
El desenlace fue peor. Gaudí abandonó la dirección de la obra y demandó a Milà por sus honorarios, 105.000 pesetas. Ganó, donó el dinero, y Milà tuvo que hipotecar la casa para pagarle. Años después, en 1927, Roser Segimon hizo arrancar la decoración gaudiniana del piso principal donde vivía. La casa perdió sus interiores originales por decisión de su propia dueña.
De edificio maldito a Patrimonio de la Humanidad
La Pedrera en fechas
Los orígenes
2 de febrero de 1906
El proyecto entra en el Ayuntamiento
Lo encargan Pere Milà i Camps y su mujer, Roser Segimon, viuda de un indiano enriquecido con el café en Guatemala.
1909
La multa y la Virgen que no se puso
Expediente municipal por exceso de volumen y renuncia al grupo escultórico de la fachada. Gaudí deja la dirección de la obra.
1912
Se termina
Es el último edificio civil que construye Gaudí. Dos años después se dedicará solo a la Sagrada Família.
El crecimiento
1927
Se arranca la decoración del principal
Roser Segimon manda retirar los interiores de Gaudí de la planta donde vivía.
1954
Trece pisos dentro del desván
Barba Corsini construye apartamentos de alquiler en la nave de los arcos catenarios. Estarán ahí cuarenta y dos años.
24 de julio de 1969
Monumento histórico-artístico
Entra en el decreto que protege de una sola vez diecisiete obras de Gaudí.
Hoy
2 de noviembre de 1984
Patrimonio de la Humanidad
En el primer grupo de tres, con el Park Güell y el Palau Güell. Entonces el sitio ni siquiera llevaba el nombre de Gaudí.
Diciembre de 1986
La compra una caja de ahorros
Empieza la restauración. El edificio abre al público en junio de 1996, el mismo año en que se vacía el desván.
2013
Fundació Catalunya La Pedrera
La gestión pasa a la fundación que lo administra hoy, con museo, exposiciones y viviendas en alquiler.
Es la única obra de Gaudí donde vive gente
Merece un párrafo propio porque no es un detalle folclórico. La Sagrada Família es un templo, el Park Güell un parque público, la Casa Batlló y la Casa Vicens son museos. La Pedrera, en cambio, sigue teniendo viviendas alquiladas en varias plantas. Cuando visitas el edificio estás entrando en el portal de un bloque de pisos donde hay vecinos que reciben el correo. Es la única de sus obras que nunca ha dejado de hacer aquello para lo que se construyó.
Qué se visita hoy
El recorrido tiene cuatro partes: los patios interiores, que se ven desde abajo con las galerías girando en anillo hasta el óculo del cielo; un piso reconstruido como se vivía en Barcelona hacia 1910, con muebles de la época; el desván de los arcos; y la azotea. Es una diferencia importante respecto a la Casa Batlló, que es más escenográfica pero no enseña cómo se vivía.
Aquí la variable no es el nivel de entrada sino la hora del día: hay visitas de día, de atardecer, nocturnas con espectáculo y una de madrugada antes de abrir al público. Lo desglosamos en la página de entradas.
Está a cinco minutos de la Casa Batlló
Quinientos cuarenta metros por la misma acera. Son la única pareja de obras de Gaudí que se encadena a pie sin pensarlo.
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama La Pedrera?
¿Es verdad que no tiene paredes maestras?
¿Cuántas chimeneas hay en la azotea?
¿Por qué falta la Virgen en la fachada?
¿Vive gente en La Pedrera?
¿Qué diferencia hay con la Casa Batlló?
Datos verificados el. Cronología, estructura y azotea: lapedrera.com. Protección: Decreto 1794/1969 y ficha 320 de la UNESCO. Visitantes: Observatori del Turisme a Barcelona.