Gaudí Museum
Fachada completa de la Casa Batlló de Gaudí en el paseo de Gracia de Barcelona, con el tejado de escamas y la torre de la cruz

Casa Batlló

Gaudí no la construyó: la reformó. Cogió un edificio de renta corriente de 1877 y en dos años lo convirtió en la fachada más fotografiada del Paseo de Gracia. Qué se ve, qué significa y qué no incluye la entrada más barata.

Foto: Freepik stock (Magnific), Premium license

La Casa Batlló es la obra de Gaudí que menos se parece a un edificio y más a una criatura. La fachada está forrada de discos de vidrio y cerámica que cambian de color según la hora, los balcones parecen antifaces de hierro, las columnas del piso bajo recuerdan huesos y el tejado tiene escamas. Nada de eso es casual, pero tampoco está explicado por su autor: Gaudí no dejó escrito qué quiso representar, y todo lo que se cuenta sobre dragones y caballeros son lecturas posteriores.

Lo primero que conviene saber es que esta casa no la levantó él. En el solar ya había un edificio de viviendas de alquiler, corriente, construido en 1877 por Emili Sala Cortés, el arquitecto para quien Gaudí había trabajado como delineante. Suele contarse al revés, que Sala fue profesor suyo en la Escuela de Arquitectura, y las fechas no lo sostienen: Sala se tituló en 1876 y Gaudí en 1878. El industrial textil Josep Batlló i Casanovas compró el edificio en 1903 con la idea de derribarlo y hacer otro. Gaudí lo convenció de que no hacía falta, y entre 1904 y 1906 lo transformó desde dentro.

La manzana de la Discordia: cinco edificios, no tres

La Casa Batlló no está sola. En el mismo tramo del Paseo de Gracia, entre Aragó y Consell de Cent, hay cinco edificios de cinco arquitectos distintos, no tres, que es lo que suele contarse. Los números impares del 35 al 43 son, uno detrás de otro, la Casa Lleó i Morera de Lluís Domènech i Montaner, la Casa Mulleras de Enric Sagnier, la Casa Bonet de Marcel·lià Coquillat, la Casa Amatller de Josep Puig i Cadafalch y la Casa Batlló. Ninguno se parece al de al lado, y uno de ellos ni siquiera es modernista.

Los cinco edificios del tramo. Las guías suelen citar solo tres.
Número Edificio Arquitecto Cuándo
35Casa Lleó i MoreraLluís Domènech i MontanerReforma de 1902-1905, sobre un edificio de 1864
37Casa MullerasEnric SagnierReforma de 1911, sobre un edificio de 1868
39Casa BonetMarcel·lià Coquillat1915. Es la única que no es modernista: es clasicista
41Casa AmatllerJosep Puig i Cadafalch1898-1900
43Casa BatllóAntoni GaudíReforma de 1904-1906

Los barceloneses de la época bautizaron el conjunto Manzana de la Discordia, con un juego de palabras que necesita el castellano: manzana es a la vez la fruta del mito griego y el bloque de casas. Suele leerse que en catalán el chiste se pierde, y no es exacto: durante décadas se dijo mansana de la Discòrdia, con el castellanismo coloquial que se usaba en la calle, y el doble sentido funcionaba igual de bien. Lo que lo ha ido matando es la normalización moderna hacia illa, que es la palabra correcta en catalán para un bloque de casas y no significa fruta ninguna.

Y hay un detalle constructivo que desmiente de un plumazo la rivalidad que cuentan todas las guías. Gaudí desplazó la torre de la cruz hacia el centro de la azotea para no estropear el remate escalonado de la Casa Amatller, la casa de Puig i Cadafalch pegada a la suya. Si hubiera querido ganar el pulso, la habría plantado en el borde medianero, que es donde la habría visto todo el paseo. El edificio dice lo contrario de la leyenda: los arquitectos de la manzana se miraban de reojo, pero se cedieron el sitio.

¿Es un dragón?

Detalle del tejado de la Casa Batlló, con las tejas en escama y el lomo cerámico que evoca el espinazo de un dragón

El tejado

El lomo de escamas

La cubierta es una espina curva de cerámica que va cambiando de color, de verde a azul y a violeta, sobre tejas en forma de escama. A un lado sube una torre con una cruz de cuatro brazos. La lectura popular es inmediata: el dragón de Sant Jordi atravesado por la lanza del caballero, y los balcones de abajo como los cráneos de sus víctimas.

Esa interpretación es coherente, es bonita y está aceptada casi en todas partes. También es indemostrable. La formulación honesta la da la propia casa: no hay ninguna prueba de que Gaudí quisiera representar la leyenda, y tampoco ninguna evidencia en contra. Sant Jordi es el patrón de Cataluña, Gaudí era catalanista y creyente, y el edificio se presta. Con eso hay que quedarse: es una lectura razonable, no un dato.

Hay quien ve otras cosas y tiene sus argumentos. La lectura marina se apoya en la fachada y en los interiores: los discos de vidrio devuelven la luz como la superficie del agua, las barandillas y los pasamanos dibujan remolinos, los vidrios de la tribuna van del azul al verde y las molduras del piso noble recuerdan caparazones, algas y olas rotas. Gaudí había pasado mucho tiempo mirando el Mediterráneo y las formas que salen de él, y en esta casa el interior parece visto desde dentro de una ola.

La lectura carnavalesca arranca de los balcones, nueve máscaras de hierro colado repetidas en fila, y de la sensación de que la fachada entera es un disfraz puesto sobre un edificio anodino, que es literalmente lo que ocurrió en 1904. Y la ósea viene de la calle: en Barcelona la llaman casa dels ossos desde mucho antes de que fuera un museo, por las columnas del piso bajo con forma de fémur y por los antepechos que parecen mandíbulas. La casa aguanta las tres lecturas sin desmentir ninguna, y probablemente sea eso lo que la hace funcionar: cada visitante sale convencido de haber visto una cosa distinta.

Por dentro: la luz que cambia de color al bajar

El patio de luces de la Casa Batlló visto desde abajo, con los azulejos azules en gradación hasta el lucernario

El patio de luces

Un truco óptico de 1906

El patio interior es el elemento técnico más ingenioso de la casa, y se entiende en cuanto se mira hacia arriba. Los azulejos que lo revisten pasan del blanco abajo al azul intenso arriba, y las ventanas son grandes en los pisos bajos y pequeñas en los altos. Los dos gradientes compensan la pérdida de luz: sin ellos, el primer piso sería una cueva y el ático un horno. El resultado es que la luz parece uniforme en toda la altura, y no lo es.

El resto de la visita recorre el Piso Noble, la planta donde vivía la familia Batlló, con la galería que da al paseo y su ventanal ondulado sin una sola línea recta; la escalera de madera que sube enroscada como una columna vertebral, con el pasamanos tallado para que la mano lo agarre sin pensar; el desván, un espacio de arcos catenarios blancos que servía de lavadero y trastero a los inquilinos; y la azotea.

En el Piso Noble hay dos piezas que casi nadie espera. Una es la chimenea en forma de seta, con dos bancos enfrentados metidos dentro del hueco, un rincón pensado para conversar al calor. La otra es el sistema de ventilación regulable de puertas y carpinterías, con celosías de madera que se abren y se cierran para que el aire circule sin necesidad de abrir la ventana, en una casa que aún no tenía nada parecido al aire acondicionado. Son detalles que no salen en las fotos y que explican mejor que la fachada cómo pensaba Gaudí: primero el problema, después la forma.

Y conviene no perder de vista que, por debajo del espectáculo, esto siguió siendo una casa de vecinos. La familia Batlló ocupaba la planta principal, el Piso Noble, y las plantas de arriba eran pisos de alquiler donde vivían otras familias. De ahí las dos escaleras — la señorial, que sube desde el vestíbulo, y la de servicio — y de ahí que el desván fuera un lavadero comunitario y no una sala noble. La reforma no convirtió el edificio en un palacio: lo dejó funcionando exactamente como funcionaba antes, solo que con una fachada que costó una fortuna y un patio que repartía la luz mejor que el de cualquier vecino del paseo.

Grupo de chimeneas cubiertas de trencadís en la azotea de la Casa Batlló de Gaudí, en Barcelona

La azotea

Veintisiete chimeneas

Arriba hay veintisiete chimeneas agrupadas en cuatro conjuntos, de algo más de seis metros de altura, cubiertas de trencadís. No son decorativas: ventilan de verdad, y su forma retorcida está pensada para que el viento no devuelva el humo. Es el mismo recurso que Gaudí había ensayado en el Palau Güell veinte años antes y que repetiría en La Pedrera.

Los números de la casa

Medidas del edificio según la documentación del propio monumento. La fecha del edificio preexistente varía según la fuente: 1877 según la casa, 1875 según otras.
Qué Cuánto
Altura del edificio32 metros
Ancho de la fachada14,5 metros
Superficie construidaunos 4.300 m²
Plantas8
Balcones de la fachada9
Chimeneas de la azotea27, en 4 grupos de 6,10 m
Discos cerámicos de la fachada330, en cuatro tamaños: 15, 21, 27 y 35 cm
Patio de luces13 × 4 metros de planta, 26 de alto, con 32 ventanas

El detalle que decide qué entrada comprar

La entrada más económica no incluye la azotea. El tejado de escamas y las chimeneas de trencadís — es decir, la imagen por la que la mayoría de la gente compra la entrada — entran a partir del segundo nivel. Es la información más útil que se puede dar sobre este monumento, y no la explica prácticamente nadie.

Lo mismo pasa con la visita nocturna, que tiene su encanto pero tampoco sube al tejado. Los cuatro niveles de entrada, qué añade cada uno y las reglas de acceso están desglosados en la página de entradas.

Vas a estar al lado de La Pedrera

Están a poco más de quinientos metros por la misma acera: son la única pareja de obras de Gaudí que se ven seguidas sin coger nada.

Preguntas frecuentes

¿Construyó Gaudí la Casa Batlló?
No desde cero. Reformó entre 1904 y 1906 un edificio de viviendas que ya existía, obra de Emili Sala Cortés, el arquitecto para quien Gaudí había trabajado como delineante. El propietario quería derribarlo; Gaudí lo convenció de reformarlo. La estructura antigua sigue ahí debajo.
¿Representa la leyenda de Sant Jordi?
Es la lectura más aceptada, pero no está demostrada. Gaudí no dejó escrito qué quiso representar. La formulación que da la propia casa es que no hay prueba de la representación de la leyenda ni evidencia en contra. Circulan otras lecturas: el mar, el carnaval, un esqueleto.
¿Por qué la llaman la casa de los huesos?
Por las columnas del piso bajo, que tienen forma de fémur, y por las barandillas de los balcones, que recuerdan antifaces o cráneos. En Barcelona se la conoce como casa dels ossos desde mucho antes de que fuera un museo.
¿Qué es la Manzana de la Discordia?
El tramo del Paseo de Gracia entre Aragó y Consell de Cent. Las guías suelen citar tres edificios, pero son cinco: Casa Lleó i Morera (35), Casa Mulleras (37), Casa Bonet (39), Casa Amatller (41) y Casa Batlló (43). La Casa Bonet, de 1915, ni siquiera es modernista: es clasicista. El nombre juega con el doble sentido de manzana en español, fruta y bloque de casas.
¿Se puede subir a la azotea?
Sí, pero no con todas las entradas: la más económica no la incluye, y la visita nocturna tampoco. Hay que fijarse en el nivel de entrada antes de comprar, porque es precisamente la parte que casi todo el mundo quiere ver.
¿Es accesible en silla de ruedas?
Sí, y es el mejor de los monumentos gaudinianos en este aspecto: la casa declara accesible todo el recorrido, azotea incluida, con dos ascensores de uso prioritario. En cambio no se permiten carritos de bebé en el recorrido, aunque hay dónde dejarlos.

Datos verificados el. Medidas, cronología de la reforma y niveles de entrada: casabatllo.es. Inscripción en la lista de Patrimonio Mundial: ficha 320 de la UNESCO, ampliación de 2005.