Gaudí Museum
Detalle de los balcones de hierro forjado y del mosaico de la fachada de la Casa Batlló de Gaudí en Barcelona

Historia y arquitectura de la Casa Batlló

Un industrial textil compró un edificio de renta para tirarlo. El arquitecto lo convenció de que no hacía falta. De esa conversación de 1903 salió la fachada más reconocible de Barcelona.

Foto: Freepik stock (Magnific), Premium license

En 1903 el Paseo de Gracia se había convertido en la calle donde la burguesía industrial de Barcelona enseñaba su dinero. Hacía cincuenta años que se había derribado la muralla y el plan de Ildefons Cerdà había trazado el Ensanche sobre los campos de las afueras; ese paseo, que unía la ciudad vieja con el pueblo de Gràcia, era su eje. Tener una casa allí no era una decisión inmobiliaria, era una declaración.

Josep Batlló i Casanovas, propietario de fábricas textiles, compró ese año un edificio de viviendas de alquiler en el número 43. Era una construcción corriente levantada en 1877 — hay fuentes que la datan en 1875 — por Emili Sala Cortés, el arquitecto para quien Gaudí había trabajado como delineante. Suele leerse que Sala fue profesor suyo en la Escuela de Arquitectura, y las fechas no lo sostienen: Sala se tituló en 1876 y Gaudí en 1878. La fuente más antigua que cuenta la relación, de 1927, dice justo lo contrario, que el joven Gaudí dibujaba para él. La intención de Batlló era derribar la casa y construir de nuevo. Gaudí le propuso otra cosa.

Conviene saber quién era el cliente, porque se confunde a menudo. Josep Batlló i Casanovas (1855-1934) era fabricante de tejidos de seda, y no tenía relación con la fábrica textil de Can Batlló de Sants, que era de otra rama de la familia y hoy es un equipamiento de barrio. Estaba casado con Amàlia Godó, hija de uno de los dos hermanos que fundaron La Vanguardia. Dinero de la seda y apellido de periódico, justo cuando el Paseo de Gracia se estaba convirtiendo en el escaparate de la ciudad: encargar una fachada memorable no era un capricho estético, era publicidad.

Reformar en vez de derribar

Que la idea de derribar no es una anécdota de folleto lo demuestra el papeleo. En el archivo municipal consta, con fecha de 26 de octubre de 1904, el expediente abierto para el número 43 del Paseo de Gracia bajo un título que no admite lectura amable: «Enderrocar la casa», derribar la casa. La reforma más visitada de Barcelona empezó siendo, sobre el papel, una demolición.

La decisión de conservar el edificio no fue conservacionista, fue práctica: la estructura estaba sana y derribar cuesta. Lo que Gaudí hizo fue vaciarlo y rehacerlo desde dentro. Amplió los patios de luces para que el interior respirara, redistribuyó las plantas, añadió dos alturas y rehizo por completo la fachada y la cubierta. De la casa de Sala Cortés queda la caja, y poco más de lo que se puede ver.

No farem el que pensava per no desmillorar el que hi ha al costat.

— Antoni Gaudí, en el testimonio del maestro de obras Josep Bayó

La frase la recogió Josep Bayó, el maestro de obras que ejecutó la reforma y que años después contó cómo se trabajaba en aquella casa. Traducida: «no haremos lo que pensaba, para no desmerecer lo que hay al lado». Lo que había al lado era la Casa Amatller, terminada cuatro años antes por Josep Puig i Cadafalch. Gaudí tenía en la cabeza algo más rotundo y lo rebajó por deferencia con el vecino; por la misma razón desplazó la torre de la cruz hacia el centro de la azotea en lugar de plantarla en el borde medianero, que es donde la habría visto todo el paseo. El edificio desmiente así el relato de la manzana como campo de batalla entre arquitectos.

Las obras duraron de 1904 a 1906. Trabajaron con él los artesanos de siempre, los mismos que irían después a La Pedrera: carpinteros, forjadores, ceramistas y vidrieros de taller, en una época en que un arquitecto todavía podía dibujar un tirador de puerta y hacer que alguien lo forjara esa semana.

La pelea no fue con el cliente, fue con el Ayuntamiento

La estampa del arquitecto genial enfrentado a un propietario tacaño no sirve para esta casa. Con Batlló se entendió tan bien que fue el propio Batlló quien le llevó el cliente siguiente: Pere Milà i Camps encargó a Gaudí la Casa Milà — La Pedrera — a partir de esa recomendación, y las dos casas acabaron a poco más de quinientos metros una de otra, en la misma acera del mismo paseo.

Donde sí hubo conflicto fue con la administración. Las obras empezaron sin licencia, el Ayuntamiento dictó una orden de suspensión que no se acató, y el expediente siguió abierto mientras la casa se terminaba, se amueblaba y se llenaba de vecinos. El permiso llegó seis o siete años después de acabadas las obras, cuando ya no quedaba nada que autorizar. Con La Pedrera, poco después, volvería a chocar con el Ayuntamiento, esa vez por exceso de volumen. Era su manera de trabajar: construir primero, discutir el papel después.

La fachada, por partes

Mirada desde la acera de enfrente, la fachada se lee en tres franjas. Abajo, la planta baja y el principal, resueltos en piedra arenisca de Montjuïc tallada en formas óseas: columnas que parecen fémures, ventanales de perfil blando, una tribuna que sobresale sobre el paseo. Es de aquí de donde viene el apodo popular de casa dels ossos.

Detalle de un balcón de la Casa Batlló, con la barandilla de hierro que recuerda una máscara, sobre el trencadís de la fachada

La franja de en medio

Nueve balcones que parecen antifaces

Sobre el principal hay nueve balcones de hierro colado, todos iguales, con dos huecos que se leen como ojos y una franja horizontal que hace de boca. Se han interpretado como antifaces de carnaval y como cráneos, según quién mire. Detrás de ellos, el muro está cubierto de 330 discos cerámicos en cuatro tamaños distintos y de fragmentos de vidrio, que devuelven la luz de forma diferente a cada hora del día.

Arriba, la cubierta: una línea curva de tejas en forma de escama que van del verde al azul y al violeta según suben, rematada por una espina cerámica. En un extremo se levanta una torre cilíndrica con una cruz de cuatro brazos, orientados a los puntos cardinales, y las iniciales de Jesús, María y José. La cruz original se perdió en los años treinta y la actual es una reposición.

Dentro: dos problemas de física resueltos con azulejos

El patio de luces de la Casa Batlló visto desde abajo, con los azulejos azules en gradación hasta el lucernario

El patio de luces

El azul que sube

Un patio interior de trece metros por cuatro y veintiséis de altura tiene un problema conocido: arriba sobra luz y abajo falta. Gaudí lo resolvió con dos gradientes cruzados. Los azulejos pasan del blanco abajo al azul oscuro arriba, para que la parte alta absorba y la baja refleje. Y las ventanas son grandes abajo y pequeñas arriba, al revés de lo que dictaría la intuición. Las dos correcciones juntas hacen que la luz parezca la misma en las treinta y dos ventanas del patio.

El segundo problema era la ventilación. En el desván, bajo la cubierta, hay una sucesión de sesenta arcos catenarios blancos — la cifra la da la propia casa — que sostienen el tejado sin necesidad de vigas: la misma solución estructural que Gaudí estaba probando por entonces para la Sagrada Família, aquí aplicada a un lavadero y un trastero. Y en la azotea, las veintisiete chimeneas agrupadas en cuatro conjuntos están retorcidas a propósito para que el viento no devuelva el humo al interior.

Qué significa, y quién lo dice

La lectura más difundida es la de Sant Jordi: la cubierta sería el lomo del dragón, la torre la lanza del caballero que lo atraviesa, los balcones los cráneos de las víctimas y las columnas de abajo sus huesos. Encaja bien, se cuenta en todas las visitas y probablemente sea lo primero que oigas al entrar.

Conviene saber cómo está sostenida esa lectura. La formulación que da la propia casa es que no hay prueba de que se represente la leyenda, y tampoco evidencia en contra. Gaudí no escribió nada al respecto. Es una interpretación plausible, no un dato documentado.

Circulan al menos otras dos. La marina: la fachada como superficie de agua, los interiores con formas de caparazón y remolino, las vidrieras de tonos de mar. Y la carnavalesca: los balcones como antifaces y la casa entera como una máscara puesta sobre un edificio anodino, que en cierto modo es exactamente lo que ocurrió. Ninguna excluye a las otras.

De casa de renta a museo

La casa en fechas

Los orígenes

  1. 1877

    Se construye el edificio original

    Un inmueble de viviendas de alquiler proyectado por Emili Sala Cortés, el arquitecto para quien Gaudí había trabajado como delineante. Algunas fuentes lo datan en 1875.

  2. 1903

    Lo compra Josep Batlló

    Josep Batlló i Casanovas (1855-1934), fabricante de seda —no la familia de Can Batlló—, casado con Amàlia Godó, hija de uno de los dos fundadores de La Vanguardia. Quiere derribar el edificio y construir de nuevo; Gaudí le propone reformarlo.

  3. 1904-1906

    La reforma

    Fachada, cubierta, patios y distribución interior se rehacen por completo; la estructura antigua se conserva. Las obras empiezan sin licencia municipal: el permiso llegará seis o siete años después de terminarlas.

El crecimiento

  1. Años cincuenta

    Sale de la familia Batlló

    El edificio cambia de manos y durante décadas alberga oficinas y viviendas.

  2. 24 de julio de 1969

    Monumento histórico-artístico

    Entra en el decreto que protege de una sola vez diecisiete obras de Gaudí.

  3. Los años noventa

    Compra de la familia Bernat y apertura

    La familia propietaria de Chupa Chups adquiere el edificio y empieza a abrirlo. Las fuentes dan 1993 o 1995 como año de apertura.

Hoy

  1. 2002

    Empiezan las visitas culturales

    El Año Internacional Gaudí convierte la casa en un museo con recorrido propio.

  2. 2005

    Patrimonio de la Humanidad

    Entra en la ampliación del sitio «Obras de Antoni Gaudí» junto con Casa Vicens, la cripta de la Colònia Güell y dos partes de la Sagrada Família.

Hoy recibe cerca de dos millones de visitantes al año: 1.908.052 en 2024, según el Observatorio del Turismo de Barcelona. Es, después de la Sagrada Família y el Park Güell, la obra de Gaudí que más gente pisa, y la que ha crecido más deprisa en la última década.

Antes de comprar la entrada

Hay cuatro niveles y la más barata no incluye la azotea.

Preguntas frecuentes

¿De qué año es el edificio original?
De 1877 según la documentación de la propia casa, aunque algunas fuentes lo datan en 1875. Lo proyectó Emili Sala Cortés, el arquitecto para quien Gaudí había trabajado como delineante. Suele leerse que Sala fue profesor suyo, pero las fechas no lo sostienen: Sala se tituló en 1876 y Gaudí en 1878. La reforma de Gaudí es de 1904-1906.
¿De verdad se iba a derribar la casa?
Sí, esa era la intención del propietario. El expediente municipal abierto el 26 de octubre de 1904 para el número 43 del Paseo de Gracia se titula «Enderrocar la casa». Gaudí convenció a Josep Batlló de reformarla en lugar de tirarla, y además moderó su propio proyecto para no desmerecer la Casa Amatller de al lado, según el testimonio del maestro de obras Josep Bayó.
¿Es cierto que se construyó sin licencia?
Sí. Las obras de 1904-1906 empezaron sin permiso municipal y continuaron pese a una orden de suspensión; la licencia se resolvió cuando la casa llevaba seis o siete años terminada. El conflicto fue con el Ayuntamiento, no con el propietario: Josep Batlló quedó tan satisfecho que le presentó a Pere Milà, el cliente de La Pedrera.
¿Por qué los azulejos del patio cambian de color?
Para compensar la luz. En un patio de veintiséis metros de altura, arriba sobra claridad y abajo falta. Los azulejos van del blanco abajo al azul oscuro arriba, y las ventanas son grandes abajo y pequeñas arriba. Las dos correcciones juntas igualan la luz en las treinta y dos ventanas.
¿Qué son los arcos del desván?
Sesenta arcos catenarios, según la cifra que da la propia casa. El arco catenario es la curva que forma una cadena colgada de sus extremos y que, invertida, se sostiene sola sin empujar hacia los lados. Sostienen la cubierta sin vigas. Gaudí estaba ensayando por esos años la misma solución para la Sagrada Família.
¿Es cierto que representa a Sant Jordi?
Es la lectura más aceptada, pero no está demostrada. La propia casa reconoce que no hay prueba de la representación de la leyenda ni evidencia en contra. Gaudí no dejó escrito qué quiso representar.
¿Cuánta gente la visita?
1.908.052 personas en 2024, según el Observatorio del Turismo de Barcelona. Es la tercera obra de Gaudí en número de visitantes, detrás de la Sagrada Família y el Park Güell, y la que más ha crecido en los últimos diez años.
¿Por qué está en la lista de la UNESCO y la Sagrada Família solo en parte?
Porque la UNESCO inscribe lo que construyó Gaudí. La Casa Batlló la terminó él en 1906 y entró entera en la ampliación de 2005. De la Sagrada Família, en cambio, solo son suyas la cripta y la fachada del Nacimiento, y solo esas dos partes están inscritas.

Datos verificados el. Cronología: casabatllo.es. Expediente de derribo de 1904: Arxiu Municipal Contemporani. Protección: Decreto 1794/1969 y ficha 320 de la UNESCO. Visitantes: Observatori del Turisme a Barcelona.