Para entender el Park Güell hay que aceptar una idea que choca con lo que se ve al llegar: no es un parque, es una urbanización abandonada. Cada elemento que hoy se admira tenía una función comercial. Las dos casas de la entrada eran la portería. La sala de las columnas iba a ser el mercado del barrio. La plaza de encima, el espacio común de los vecinos. La escalinata con la figura era el vestíbulo de bienvenida a un producto en venta.
Lo llamativo es que casi nada de eso llegó a usarse para lo que se había pensado, y sin embargo todo funciona igual de bien. Es raro que un fracaso envejezca tan bien.
La idea: una ciudad jardín inglesa en una ladera seca
Eusebi Güell había viajado a Inglaterra y había visto las garden cities, esas urbanizaciones de casas con jardín separadas de la ciudad industrial. Le gustó el concepto y quiso importarlo. Por eso el nombre está escrito en inglés, con k: no es una errata catalana ni una moda posterior, es el nombre comercial original. Un producto inglés se vende con nombre inglés.
El terreno elegido era una ladera de la sierra de Collserola conocida por lo que era, la Muntanya Pelada: seca, sin árboles, con una pendiente considerable. Güell encargó el proyecto a Gaudí en 1900 y las obras de nivelación empezaron aquel mismo otoño. Se planeó dividir la finca en sesenta parcelas triangulares, con la condición de que cada casa ocupara como máximo una sexta parte de su lote, para que quedara verde entre una y otra.
Por qué no se vendió ni una
Se vendió una. En 1902 la compró el abogado Martí Trias i Domènech, que además encargó su casa a Juli Batllevell y no a Gaudí. La otra vivienda del recinto es la casa piloto que el contratista de las obras, Josep Pardo, construyó para enseñar cómo quedaría el barrio. No la quiso nadie, y en 1906 la compró el padre de Gaudí. El arquitecto se mudó allí con su padre y su sobrina y vivió en el parque hasta 1925.
Las razones del fracaso no tienen misterio. La finca estaba fuera de la ciudad y el transporte público no llegaba. La cuesta desanimaba. Los precios eran altos. Y sobre todo, el cliente al que apuntaba Güell — la burguesía industrial que había hecho dinero con el textil — no quería aislarse: quería estar en el Paseo de Gracia, donde se veía y era visto. Los mismos años en que el Park Güell no vendía parcelas, esa gente pagaba fortunas por pisos a cuatrocientos metros del Liceo.
Las obras se detuvieron en 1914. Güell murió en 1918 y sus herederos ofrecieron la finca al Ayuntamiento, que aprobó la compra el 26 de mayo de 1922. Cuatro años después abría como parque público, y Gaudí moría en junio del mismo año.
El parque en fechas
Los orígenes
1900
Empiezan las obras
Güell encarga la urbanización a Gaudí. Los trabajos de nivelación arrancan en octubre.
1902
Se vende la única parcela
La compra el abogado Martí Trias i Domènech, que encarga la casa a otro arquitecto.
1906
Gaudí se muda al parque
La casa piloto, invendida, la compra su padre. Gaudí vivirá allí hasta 1925.
El crecimiento
1914
Se paran las obras
Catorce años de trabajos y ningún comprador nuevo. El proyecto se abandona.
1918
Muere Eusebi Güell
Sus herederos ofrecen la finca al Ayuntamiento de Barcelona.
26 de mayo de 1922
El Ayuntamiento aprueba la compra
La urbanización fallida pasa a ser propiedad pública.
1926
Abre como parque público
El mismo año en que muere Gaudí. Nunca se había pensado para esto.
1936
Caen las tres cruces
El calvario del Turó de les Tres Creus se destruye durante la Guerra Civil. Las que hay hoy son una reconstrucción de 1939.
Hoy
24 de julio de 1969
Monumento histórico-artístico
Entra en el decreto que protege de golpe diecisiete obras de Gaudí. La categoría es monumento, no jardín histórico.
1984
Patrimonio de la Humanidad
En el primer grupo de tres obras inscritas, junto con el Palau Güell y la Casa Milà.
13 de octubre de 2013
Se regula el acceso
La zona monumental pasa a tener entrada y aforo. Antes recibía del orden de nueve millones de personas al año.
Lo que Gaudí resolvió aquí y nadie mira
El Park Güell se visita como un parque de esculturas, y en realidad es un ejercicio de ingeniería. La pendiente era el problema: urbanizar una ladera exige mover tierra, y mover tierra cuesta dinero. Gaudí decidió no moverla. Trazó los caminos siguiendo las curvas de nivel y, donde hacía falta ganar altura, levantó viaductos con columnas inclinadas hacia dentro, calculadas para trabajar solo a compresión.
La pendiente
Ganar altura sin excavar
Así se resolvió. Donde el camino tenía que subir, en vez de desmontar la ladera Gaudí levantó estos pórticos: columnas inclinadas hacia dentro, dispuestas para trabajar solo a compresión, sosteniendo la bóveda por la que pasa el paseo de arriba.
Se cruza por debajo camino de la plaza y casi nadie levanta la vista. Es la pieza de ingeniería del parque.
El material
Piedra de la propia ladera, cerámica de desecho
Las columnas y los muros de los viaductos están hechos con la piedra que salió de la misma excavación, sin desbastar. Por eso parecen brotar del terreno: literalmente son el terreno. Y el trencadís que cubre el banco y los tejados se compuso con restos de fábrica, azulejos descabalados, fondos de botella y trozos de vajilla rota. Era la solución barata, y hoy es la imagen de marca de la ciudad.
El sistema de agua es el detalle técnico que más merece la pena conocer antes de entrar, porque cambia el sentido de lo que se pisa. La plaza de la Naturaleza no es una explanada: es el techo de la sala Hipóstila. Su suelo está hecho para filtrar el agua de lluvia, que baja por el interior hueco de las ochenta y seis columnas hasta una cisterna de 1.200 metros cúbicos excavada debajo. La figura de la escalinata no es solo decorativa: es la salida del rebosadero. Y las columnas, dicho sea de paso, son ochenta y seis construidas de noventa proyectadas: quien lea «noventa columnas» está citando el plano, no el edificio.
Quién hizo qué: el papel de Jujol
El banco ondulado que rodea la plaza mide unos 110 metros y es probablemente el mueble más fotografiado de Europa. Se atribuye a Gaudí por costumbre, pero el diseño y la ejecución del trencadís fueron en buena parte de Josep Maria Jujol, entonces joven colaborador y más tarde arquitecto por su cuenta. Lo mismo vale para los medallones del techo de la sala Hipóstila, esos discos que parecen soles y que incorporan fragmentos de vidrio, porcelana y cerámica doméstica.
Decirlo no le quita nada a Gaudí. Es su obra y su encargo. Pero el trencadís del Park Güell es el ejemplo más claro de algo que atraviesa toda su carrera: trabajaba con un taller, y buena parte de lo que hoy admiramos como suyo salieron de las manos de otros.
Cuatro curiosidades que cambian lo que se mira
- Las tres cruces del punto más alto no son las originales. El calvario del Turó de les Tres Creus se destruyó en 1936 y lo que se ve hoy es una reconstrucción de 1939. Es el mirador con mejores vistas del recinto, y es gratuito.
- Hay piezas de otras obras de Gaudí dentro del parque. Cuando en los años sesenta se redujo el jardín de la Casa Vicens, parte de su famosa verja de hojas de palmito se remontó aquí. Y la reja con forma de red de pesca de la Torre Damià Mateu, demolida, se instaló en el parque en 1968.
- La Casa Museu Gaudí no la proyectó Gaudí. Es la casa piloto, y tanto el propio parque como la Sagrada Família la atribuyen a Francesc Berenguer. Gaudí la habitó, no la diseñó.
- Está protegido como monumento, no como jardín histórico. Un matiz jurídico que se equivoca hasta en webs oficiales, y que importa porque cambia el régimen de intervención sobre la vegetación.
Por qué acabó teniendo entrada
Hasta 2013 se entraba gratis a todo. El problema no fue la codicia municipal, fue la aritmética: el recinto llegó a recibir del orden de nueve millones de visitantes al año sobre unas estructuras de mortero y cerámica de principios del siglo XX, en un barrio residencial al que se subía por calles estrechas. El 13 de octubre de 2013 se acotó la zona monumental, se puso entrada y se fijó un aforo de 1.400 personas por hora.
La decisión vino acompañada de contrapesos que casi nadie menciona: los empadronados en Barcelona entran gratis, los vecinos de los seis barrios limítrofes tienen tarjeta propia, y hay dos franjas diarias, temprano y al final del día, en que la zona regulada está abierta a todo el mundo. El parque sigue siendo del barrio doce horas al día; es turístico las otras.
Y ahora, qué ver
Los cinco elementos de la zona monumental, y los cuatro que se ven sin pagar.
Preguntas frecuentes
¿Por qué fracasó el Park Güell como urbanización?
¿Vivió Gaudí en el Park Güell?
¿Por qué se escribe Park y no Parc?
¿Quién hizo el banco de trencadís?
¿Para qué servía la sala de las columnas?
¿Cuántas columnas tiene la sala Hipóstila?
Datos verificados el. Cronología, aforo y régimen de acceso: parkguell.barcelona y Ayuntamiento de Barcelona. Protección: Decreto 1794/1969, BOE de 20 de agosto de 1969.